La Olla Ferroviaria

La Olla Ferroviaria, uno de los mejores ingenios gastronómicos que se conocen, deja poco lugar a dudas sobre su origen y desarrollo gracias a su nombre. Sí hay que aclarar que la línea a la que se vincula es la llamada La Robla, que aún hoy une León con Bilbao.

La idea, cuando se inauguró, en 1894, fue que uniera las cuencas mineras del norte castellano con la industria siderúrgica vasca. Sin embargo, cubrió otras necesidades con el devenir de la economía y la sociedad en siglo XX. Así, transportó áridos, madera, productos agrícolas, manufacturados, etc.

Sirvió también para el desplazamiento de los castellanos que buscaban un horizonte en la industria vasca y, en la dirección contraria, lo utilizaron aquellos que desde el País Vasco iban al encuentro de un descanso estacional en las merindades burgalesas.

Desde los años 70 sobre todo, la decadencia de las explotaciones mineras en España llevo a una lenta pero imparable agonía de La Robla, que se está salvando en la actualidad con el descubrimiento de su hermoso recorrido como recurso turístico.

Mataporquera está en la mitad del trayecto, y ello favoreció que se considerara a su estación de 1ª categoría. Se construyó en ella un dormitorio para que pernoctaran maquinistas y fogoneros, y en la actualidad es la sede de la Asociación de Amigos del Ferrocarril. De este trasiego y estancias, y la necesidad obvia de comer, fue evolucionando la forma en que se preparaban la comida. Comenzaron a llevársela ya hecha en pucheros y arrimándolos a la caldera de la máquina la mantenían caliente. El paso siguiente fue utilizar el vapor, que se aplicaba alrededor del puchero gracias a un recipiente que le servía de “funda”. Esto era fácil para fogoneros y maquinistas que trabajaban al lado de la fuente de calor, pero el resto acabó utilizando el carbón, por lo que a esa “funda” le aplicaron un depósito para las brasas en la parte inferior. Cuando perfeccionaron la idea fueron con el cuento a Esteban García Martínez, jefe del taller llamado “Hojalatería”. Nació así la Olla Ferroviaria: corría el año 1915.

Esto en cuanto a la pequeña historia de la Olla Ferroviaria. En el presente, aunque queda mucho por descubrir, las formas y tamaños de las Ollas son variadísimos. Y pese a su origen humilde y laborioso, se adapta a los paladares y ambientes más sofisticados. De muestra un botón.

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Estas tres últimas fotos corresponden a la premier de Tudancos, película-documental producida por Rodolfo Montero, en los cines Acteon de Madrid, que tuvo lugar a finales del 2010.

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